
Si habéis visto una pintura de Francis Bacon alguna vez, ya tendrán una idea más clara del tipo de personaje con el cual nos encontramos históricamente.
Un chico de clase media inglesa (de padre británico-australiano), su infancia estuvo desde un principio entre la rebeldía y la ruptura de las normas sociales inglesas, aún vigentes para esa época, en la que la muerte del victorianismo genera una serie de artistas que engendran ese aire de rebeldía que tanto marcó a Inglaterra durante los años 60’s y ’70s, pero que ya en los últimos años ha decaído significativamente (no incluimos a Amy Winehouse en la lista, ya que su fama es mayor fuera que dentro de Inglaterra, y la drogadicción, a pesar de su buena música, no es un signo de rebeldía social de gran escala).
La vida de pintor de Bacon comenzó desde niño, pintando modelos femeninas sosteniendo largos cigarrillos; posteriormente sus temas fueron pasando de composiciones al guache de figuras humanas, posteriormente pasando a una deformación de las siluetas, y gran alteración del entorno, siendo cada vez más trágico y violento en cada pintura, hasta llegar a las famosas pinturas de muerte y alteración física humana.
Nuestro film se sitúa en la última etapa de la vida de Bacon, en la cual, ya con una notable fama, un ego incomparable, un círculo social de amigos artistas (muy criticones, por cierto), y un aislamiento de la sociedad londinense, se enamora de un ladrón llamado George Dyer , con el cual tuve una tormentosa relación durante casi 7 años. Los altibajos de ambos personajes, el alcoholismo exasperado de Dyer, y su dependencia económica de Bacon, generó un clima cada vez más espeso en la relación, hasta el suicidio de Dyer en un hotel de Paris, mientras las obras de Bacon estaban siendo catapultadas al estrellato como el 2do artista británico que ha logrado convertirse en exhibición fija en el Grand Palais de Paris.
Love is the Devil nos narra en apenas 70 minutos esos 7 años de tormento amoroso y artístico, con una dirección exquisita, casi como un Marquis de Sade fílmico, con una excelente música, la descripción de un Londres pequeño, cerrado culturalmente, y que produce en exceso para el resto del mundo. Un Londres que parece una naranja mecánica productiva, sacando de sí mismo hasta la última gota de locura artística para el mundo del siglo XX. Tenemos una actuación admirable y hasta abominable de Derek Jacobi, quien logran hasta un acercamiento física inigualable a Bacon. Una actuación excelente de Daniel Craig (sí, el mismo del agente 007 moderno, con menos músculos, pero igual de atractivo y elegante, a pesar de actuar como un ratero alcohólico), y una bella actuación de Tilda Swinton, quien usa prótesis dentales en toda la película, dando la impresión de esa imagen británica del siglo XIX, criticona,de pésima dentadura, pero amigable muy en el fondo, que nos deja deseando más y más de ella.
Love is the Devil puede resultar una película muy breve para el tema tan extenso que es Francis Bacon, y está enfocada en los últimos días de George Dyer. A pesar de ello es una excelente opción fílmica, y sobretodo artística para cualquiera que desee ver algo distinto e impactante.
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